Dos fuerzas

Dos fuerzas siempre se han debatido en la formación del Estado costarricense (y de la familia, y de la Iglesia, y del amor, y de la vida): el horror al cambio y las ideas de vanguardia. Por lo general vencen las fuerzas de derecha y el tradicionalismo, pero eventualmente se han logrado éxitos memorables que también pasaron a formar parte del repertorio épico del país: la reforma social de los cuarenta, la abolición del ejército, el premio Nobel de la Paz… Pero también han triunfado, con el paso de los años, la corrupción, el deterioro de las grandes instituciones sociales del país (los mismos hitos épicos son condenados a una muerte segura) y la preeminencia de un poder autoritario sobre la base de una pseudodemocracia electoral.
La convivencia armónica está basada en una palabra mortal: la tolerancia. Y la tolerancia significa callar las irregularidades, abstenerse de juicios duros, evitar decir nombres y nunca sobresalir en la masa informe. En Costa Rica, la paz se monta sobre el instinto de supervivencia: “Callad y se os dejará vivir y prosperar. Abrid la boca y pereceréis o seréis despojados de vuestro bienestar”.

Costa Rica (des)dibujada (2001). Fragmento. Esta obra fue ganadora del premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica.

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