Guarda tus palabras

Guarda tus palabras. Guárdalas con celo. Tu silencio es tu mayor fuerza. Escucha y escucha genuinamente. No por cortesía fingida. En sus palabras, los demás se te revelan completos, tal y como son, en toda su gloria y maldad. Y en tus palabras, ellos te conocen a ti. Prefiere conocerlos antes de que te conozcan. No sabes, créeme, no lo sabes, quiénes son y qué pueden hacer contigo o con los regalos que les das. Aprende de mí. Aprende de ti. Recuérdame. Recuérdate. Jamás olvides la ruina que trajo no contener tu boca.

Guarda el silencio a toda costa. Tu vida y muchas vidas dependen de ello. Mis duras advertencias no son lo suficientemente duras. Comprende por qué hago esto.

Piensas en este preciso instante mil argumentos para refutarme. Recuerdas las injusticias cometidas por el silencio de los cobardes. Te remontas hasta esos momentos cuando, crees, hablar habría hecho toda la diferencia. Estás tan segura… No se te ha ocurrido pensar en las trampas diseñadas para forzarla a actuar de cierta manera, para hacerte abrir la boca, tentarte a liberar el poder mágico de tus palabras.
No eres como cualquier otra persona. No te mientas. Muchas vidas has luchado por tener el privilegio de pertenecer a la familia de los bardos. Recuerda ahora las lecciones de todas tus vidas anteriores y venideras. Recuerda a todos los maestros que en tu oído, justo antes de darte el beso de la sabiduría, susurraron: “¡silencio!”.

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2 comentarios sobre “Guarda tus palabras

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