Prudencia

Prudencia, bendita prudencia. La miras observarte por la ventana, como si tú fueras capaz de reconocer su presencia. No. Te falta paciencia, lo sabes. Saber callar también es saber esperar. ¿Por qué decir algo hoy cuando puedes esperar una hora, un día, una semana? En una semana todo puede ser distinto. Tú puedes ya no ser tú, ni esa palabra, hoy en apariencia imprescindible, ser ya necesaria. Callar y esperar no son lo mismo, pero se parecen. Esperar también es esperanzar. Guardar la esperanza de que esa palabra no sea necesaria nunca más.

¿Has vivido ya la prudencia? ¿Has sido capaz de esperar? ¿Has tenido la fuerza para callar? ¿Has refrenado tu impulso de abrir la boca inoportunamente? Inténtalo y conocerás la diferencia. Acostúmbrate a hacerlo y cambiarás el curso de tu existencia. La palabra indiscreta te llevará al abismo. La prudencia es el camino estrecho, pero seguro, hacia la luz.

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