Debo confesarte algo

Debo confesarte algo, me dices:
no puedo salir sola. No me hallo. No me encuentro.
Desespero si por cinco minutos debo esperar en una esquina.
Desfallezco si por un momento debo quedarme en silencio con mi propia soledad.

Y te miro, en silencio, sin saber qué decir
pero preguntándolo todo:
¿acaso no te has encontrado a ti misma?
¿acaso no sacas de ti a la mujer poderosa que en su soledad tiene compañía?

Hoy, sola, con una taza de buen té al frente,
sé por qué no sucumbo jamás ante esa soledad que te aterra:
mis palabras siempre están conmigo, en mi oído, en mi aliento, en mis dedos.
¿Sola, yo? Aunque no me lo creas: ¡jamás!

Anuncios

Camp NaNoWriMo agosto 2012

Dentro de pocas horas se inicia la segunda maratón de escritura del año 2012, esta vez con el campamento NaNoWriMo del mes de agosto. Mi primera experiencia en el Mes Nacional de Escritura de Novela fue un fracaso. Para la segunda vuelta, había aprendido mis lecciones y logré terminar con dos días de anticipación. La tercera vez, en junio de este año, logré terminar a pesar de todo: la gripe, la laringitis, mis labores cotidianas…

Ahora vengo por más.

La historia que comencé en noviembre del 2011 no se ha terminado; y si bien la regla de la maratón es escribir una historia nueva cada vez, a mi propósito personal le sirve más seguir añadiéndole escenas y conflictos a mi experimento novelístico, de cincuenta mil en cincuenta mil palabras, si es necesario. Esta será la tercera jornada de escritura y, espero, la última para comenzar el proceso de revisión.

¿Dónde está la ganancia? En los metros y metros de páginas arrebatadas del silencio gracias a la fuerza de voluntad. La motivación de llegar hasta la meta me ha obligado siempre a no fenecer, a escribir sin pensar, a soltar toda la porquería sobre la página en blanco. De cuando en cuando, en medio de la basura, van apareciendo las joyas. Cuando se tienen suficientes, hasta van formando un patrón. Así, si de ciento cincuenta mil palabras lograra cincuenta mil buenas, ya tendría un gran éxito y sería esta, sin duda, una maratón con más beneficios que la satisfacción de llegar hasta el final.

¡Que comience el reto!

No puedes pensar

—Déjame pensarlo.

—No. No puedes pensar. Está prohibido.

—Pero…

—El poeta que depende de su mente para narrar historias es un poeta menor, un letrado, un intelectual a lo sumo, pero no es un poeta. Usa tu intuición. Elévate por encima de los vendavales de la mente. Encuentra las palabras, atrápalas, tráelas de vuelta hasta los oídos de los humanos y entrégalas con toda la dulzura de la que seas capaz.

—¿Cómo sabré cuando esté haciendo esto, maestro?

—Solamente lo sabrás, no tendrás dudas.

Libérate

Has decidido castigarte. Crees en el castigo como la mejor forma de fijar en la memoria la lección. Piensas haber actuado mal y, antes de recibirlo de otros, blandes el flagelo contra tu propia carne. No sabes de dónde proviene este impulso arraigado en tu más honda memoria. Huyes hurgar en tus recuerdos. Temes encontrar la fuente. Temes volver a un dolor superior a tu capacidad para soportarlo. ¿Qué fuerza irracional te lleva a adoptar el castigo como tu único medio de aprendizaje? Libérate, te lo ordeno yo, que conozco el origen de tu automanipulación. Libérate. Cree en mi palabra de voz añeja, de años perdidos, de sueños pasados. No me evadas. No pienses en otra cosa. Distraes tu energía para no renunciar al placer masoquista del castigo autoimpuesto. Detéctalo en ti. Aíslalo. Observa su verdadero rostro. Eso no eres tú. Eso no es parte de ti. Eso es un peso arrastrado de una vida de abuso y sumisión. Una vida en que olvidaste cómo ejercer tu libertad. Libérate. Te lo ordeno. Libérate. Te lo suplico. Guarda el aprendizaje pero deja ir el autocastigo. Es tiempo de recuperar la libertad. La verdadera libertad. Es la hora de tu liberación.