Libérate

Has decidido castigarte. Crees en el castigo como la mejor forma de fijar en la memoria la lección. Piensas haber actuado mal y, antes de recibirlo de otros, blandes el flagelo contra tu propia carne. No sabes de dónde proviene este impulso arraigado en tu más honda memoria. Huyes hurgar en tus recuerdos. Temes encontrar la fuente. Temes volver a un dolor superior a tu capacidad para soportarlo. ¿Qué fuerza irracional te lleva a adoptar el castigo como tu único medio de aprendizaje? Libérate, te lo ordeno yo, que conozco el origen de tu automanipulación. Libérate. Cree en mi palabra de voz añeja, de años perdidos, de sueños pasados. No me evadas. No pienses en otra cosa. Distraes tu energía para no renunciar al placer masoquista del castigo autoimpuesto. Detéctalo en ti. Aíslalo. Observa su verdadero rostro. Eso no eres tú. Eso no es parte de ti. Eso es un peso arrastrado de una vida de abuso y sumisión. Una vida en que olvidaste cómo ejercer tu libertad. Libérate. Te lo ordeno. Libérate. Te lo suplico. Guarda el aprendizaje pero deja ir el autocastigo. Es tiempo de recuperar la libertad. La verdadera libertad. Es la hora de tu liberación.

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