Tarde de abril

Muere ya el azul de tu cielo,
dorado,
cobrizo,
transparente.
Bella tarde de abril.

La brisa apenas se mueve.
Ni mucho que agite las hojas de los helechos
ni poco que no pueda acariciarme.
Fresca tarde de abril.

El campanario enloquece en tintineos sonoros;
aunque se los quiera tragar el tráfico,
aunque se escondan tras esa radio estridente.
Melodiosa tarde de abril.

No tengo sensibilidad para nada más,
excepto tus aromas, tus colores, tus brisas, tus notas.
¿Por qué?

Nada es tan prístino como una pura,
límpida,
seca
tarde de abril.

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