Quita la piedra del camino

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—Estoy esperando que me llames para darte instrucción.
—No puedo, Maestro. Lo estoy intentando, pero no puedo.
—No hay que intentar nada, solo hacer. Llámame y te responderé.
—Maestro, cuando tengo deseos de escuchar tu enseñanza, me siento en posición de reverencia, despierto mis sentidos, hago silencio interno y externo, me concentro en llamarte y, aún así, no te escucho.
—¿Y sientes que haces un esfuerzo real por llamarme?
—Sí, Maestro, lo hago. Bueno, no. No en realidad. Tal vez me miento que lo hago. Sigo los pasos pero, en el momento crucial, me paralizo. Como si me diera miedo hacer el llamado.
—¿Miedo a qué?
—A que de verdad respondas.
—Pero ¿no es eso lo que buscas?
—Sí, Maestro, lo es.
—¿Y cuál es el miedo? Búscalo en tu interior, obsérvalo y dime qué temes.
—Temo el regaño. Temo que me digas lo mal que estoy, lo mucho en lo que me he equivocado. Me avergüenza no estar a tu altura.
—¿Y qué ves cuando surge ese miedo?
—A mis padres, a mis maestros. Veo los muchos regaños que yo y otros vivimos por no hacer las cosas bien.
—¿Y piensas que así te trataré yo? ¿Es que acaso he fracasado tanto en mi relación contigo?
—No, Maestro. No. Mi temor es absurdo. Siempre has sido cariñoso y amable. Siempre has tenido una sonrisa en la boca. Siempre me has dado tiempo. Has permitido que me aleje y me acerque a voluntad. Tu enseñanza jamás ha sido impuesta. Jamás ha sido grosera. Jamás ha sido una agresión. Pero el temor no se desvanece con solo descalificarlo.
—Respóndeme algo. Si vas por un camino y te encuentras una gran piedra, ¿qué haces?
—La rodeo.
—¿Y si no puedes?
—La escalo.
—¿Y si, aún así, no puedes pasar? ¿Te quedarías ahí, sin hacer nada, tan solo porque hay una piedra en tu camino? ¿Te devolverías por donde viniste? ¿Renunciarías a avanzar?
—No, Maestro. Si mi destino vale más que la piedra, la quito.
—¿Y si es muy grande?
—Entonces la parto en trozos más pequeños, hasta que pueda quitarla.
—Tu miedo es tu piedra. Córtale trozos, quítale capas, para que puedas pasar al otro lado. Cómo lo hagas, cuán rápido lo hagas, depende de ti. Pero recuerda una cosa, una sola cosa: la piedra es una ilusión. Cuando la piedra carezca del poder para detenerte, se desvanecerá.

© Jacqueline Murillo Fernández, 2017. Todos los derechos reservados.
Fotografía: cortesía de Pixabay.

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