Por qué Ansuz

Este blog lleva el nombre de una runa, una letra. Las runas eran la antigua escritura de los pueblos germánicos. Su origen es incierto; tal y como las reconocemos hoy, ya habían adquirido su orden, secuencia y forma cerca del siglo I de nuestra era.

Las runas no son un alfabeto, puesto que este nombre es la designación de esa secuencia de letras empleadas por nuestra cultura para escribir. Alfabeto no es más que un nombre compuesto por las dos primeras letras de la escritura griega: alfa, beta… 

El “alfabeto” rúnico se denomina futhark o futhork, según la región y la época en donde se estudie. Futhark es un nombre formado por las primeras letras de la escritura rúnica: Fehu, Uruz, Thorn, Ansuz, Raido, Ken…

De estas letras, Ansuz es la cuarta. Su nombre evoca el nombre de un dios, el dios Ass o Ase, el principio divino. Otra forma del nombre de esta runa es Os, la boca, la puerta… el lugar por donde sale y entra la palabra.

Es, por lo tanto, la runa de la palabra, la elocuencia, la poesía, la expresión divina, el sonido de la creación.  Ansuz es el punto de partida y de llegada; es una fuerza viva arraigada en la tierra profunda y elevada en las ramas del árbol del mundo. Ansuz no soy yo, pero soy yo. Ansuz no eres tú, pero eres tú. Grande es la dicha de la persona capaz de abrir la boca con alegría, rectitud, compasión y voluntad al bien; se regocijan los sabios y su palabra lleva luz y consuelo en la hora del más genuino dolor.

Hoy usamos la escritura para las más banales comunicaciones. En otros tiempos, en esos tiempos en que Ansuz no era una letra sino una divinidad, la palabra servía a propósitos más dignos. Su uso era un privilegio y una responsabilidad. Tal lección no nos debe ser ajena. Abrir o cerrar la boca viene siempre con un precio. Puede crear o destruir, sanar o herir, edificar o arrasar, limpiar o ensuciar, fluir o hacerse nudo…

Así, Ansuz, este blog, es un refugio para la Palabra: divina, creadora, transformadora, poética…; susurrada al oído por el viento, las hojas de los árboles, los ecos de sonoras lejanías, los clamores humanos de épocas distantes, la voz interna iluminadora de verdades olvidadas…

Lo que aquí se escriba es letra viva, no muerta; es susurro, no silencio; es creación, no recreación. Esa, ¿por qué no confesarlo?, es mi aspiración.

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