Dejarse arrastrar

¡Qué encanto misterioso
el dejarse arrastrar por las palabras
sin pensar en ellas,
sin calcularlas,
sin rebuscarlas en extensos vocabularios y glosas!

¡Qué dulce abandono
el de abrir la consciencia
y escuchar las palabras
descender por una espiral dorada,
a paso firme,
galopante,
hasta verterse en la hoja limpia,
blanca,
pura!

¡Qué reposo andar a la deriva
con el impulso de palabras susurradas
en el viento!

¡Qué solaz tiranía la de la inspiración divina,
la del verso genuino,
la del canto imperecedero!

Deja, cantor, de creerte poeta.
Deja, escriba, de pensarte cantor.
Toma el dictado divino y deja salir la poesía,
palabra por palabra,
a través de tus labios,
de tus ojos,
de tus oídos.

Que quien pueda entender entienda tu canto.
Que quien no esté listo para tus versos los pase por alto.

Anuncios