¿Quién es el bardo?

—¿Quién es el bardo? ¿Quién es el poeta? ¿Acaso no lo sabes?

—No me digas que es el creador, el omnipotente, el omnipresente. Me resisto a creer que el poeta tenga tanto poder.

—Desde los tiempos antiguos, el verdadero bardo ha sido el cantor que teje las vidas de los humanos, las vidas pasadas, presentes y futuras. Las descubre, las sigue, las cuenta, las crea con sus palabras y las recrea cada vez que las canta. El poeta es el señor de la historia, de las ideas, de la filosofía… El poeta canta y emite con su canto la Vida, perpetúa la Vida, sostiene la Vida. Abre la puerta al pasado y deja ver quiénes somos, quiénes fuimos, quiénes podremos ser. Mira hacia el futuro y por eso le creen adivino. ¡Qué ilusa manera de comprender lo que realmente hace el poeta! No adivina, sabe. ¿Cuántas personas han nacido, muerto, agonizado y revivido en este preciso momento? Aquel de todos los poetas que ha abierto su consciencia al saber total lo sabe, lo sufre, lo tolera únicamente por el amor que le tiene a la humanidad.

¿Crees que ser un poeta es un privilegio, una razón para obtener favores, recibir dádivas, rodearse de gente poderosa y escuchar, por doquier, halagos y elogios? Te equivocas. Ser poeta no es recibir laudes ni aplausos, no es vivir entre sedas y lujos, no es ser superior a los demás seres humanos. Ser poeta es amar con un amor tan infinito, tan grande, tan imposible, que se confunde con el dolor. Te duele el dolor, te duele la vida, te duele la muerte… Te duele ver a los humanos distraídos en la ilusión de la muerte. El poeta ha muerto y renacido, ha conocido el universo completo y ha entrado en el sueño antes de volver a la vida. El poeta ha conocido el inframundo y, al salir, se ha traído la Vida consigo.

Que el que quiera ser Poeta sepa de antemano el dolor de la Poesía. No elijas este oficio por las razones equivocadas. Llevarás un peso superior a tus fuerzas y serás responsable por cada una de tus palabras. Cree en ellas, vitalízalas con tu propio hálito, déjalas salir en tu inmenso dolor por el mundo, en tu inmenso amor por el mundo. Pero recuerda: tus palabras también pueden convertirse en dolor, en destrucción, en ruina. Jamás digas palabra vana, jamás invoques la tormenta sin saber primero si esa es la voluntad de la Vida.

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Gira la rueda una vez más

Callas. Escuchas el susurro de tus recuerdos idos. Solo quien calla puede captar las sutiles notas de los versos de la memoria. Tu memoria que es mi memoria. Mi canto que es tu canto. Sube hasta las esferas más altas, en donde los ruidos cotidianos se han acallado. Vibra y resuena con nuestro canto. Vibra y resuena con el susurro del silencio. Escucha las voces de quienes en ti han muerto. Escucha los sueños de quienes en ti viven. Escucha el canto, mi canto, nuestro canto. No son tus puntos de vista los nuestros. No son tus limitaciones las nuestras. No son tus temores los nuestros. Hemos vivido innumerables errores, pruebas, sacrificios, gozos, triunfos, deseos. Hemos ganado y perdido. Hemos ascendido y vuelto a caer. Hemos padecido y surgido otra vez. Somos el canto de los roídos huesos. Los huesos que una y otra vez has visto nacer. Hemos vivido en las sombras y hemos encendido la luz. Hemos despertado muchas veces y antes de nacer, todo lo hemos vuelto a olvidar. Pero nuestra memoria está ahí. Un hilo te une a nosotros, los muchos maestros que has sido, los muchos padres e hijos, los muchos guerreros y campesinos, los muchos vasallos y señores, los muchos mujeres y hombres. Todo lo hemos sido, una y otra vez, hasta aprender. Hasta no olvidar. Recuerda, recuerda nuestra voz, tu propia voz ancestral. Escucha, escucha nuestro canto; tu propio canto sepulcral. No sueltes el hilo de nuestra voz. Te guiamos hacia el futuro desde las lecciones aprendidas. No sueltes el hilo de nuestra voz; es la antorcha en la caverna oscura de este simulacro de realidad. Anda, marcha, camina. Si permaneces en silencio tendrás el privilegio de nuestra guía. Anda, marcha, camina, necesitamos que avances y alcances nuestro propósito para esta vida. Sigue nuestra voz, sigue nuestro canto, pero no hacia atrás. Gira la rueda hacia adelante, gira la rueda una vez más. Rota que te rota sin dejar de rotar. No has salido aun, no ha terminado la rueda de girar. Escucha la voz del silencio sin dejar de avanzar.