Diálogos con el Maestro: Despierta

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—Despierta, pupila, despierta. Se acabó el tiempo del sueño, es la hora de estar alerta.
—Lo siento, maestro, no logro abrir mis ojos. Se me cierran como dos botones sobre los que ha caído la noche.
—Despierta, pupila, despierta. La luz de la mañana ya tiñe el cielo, es la hora de verlo todo con la mirada interna.
—Lo siento, maestro, no consigo despabilar mis sentidos. Me invitan a seguir entre las cobijas, en el refugio oscuro de la habitación vacía.
—Despierta, pupila, despierta. El sol se acerca al mediodía. La tierra entera ha dejado atrás las brumas de la mañana y se alinea con la luz de más arriba.
—Lo siento, maestro, no consigo enfocar la mirada. Distante te oigo, minúsculo eres ante mis ojos. Estás lejos, muy lejos, y pareciera como si al respecto yo no pudiera hacer nada.
—Despierta, pupila, despierta. Tu hora ha llegado. Aunque tengas miedo y dudas, aunque creas no ser este el momento más indicado; aún así ha llegado tu momento, en medio del viento, en medio del alabastro.

© Jacqueline Murillo Fernández, 2015. Todos los derechos reservados.
Fotografía: cortesía de Pixabay.

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Diálogos con el Maestro: Tengo miedo de equivocarme

—Tengo miedo de equivocarme, Maestro. Miedo de no hacer bien mis labores. De arruinar los esfuerzos que hemos venido realizando.
—¿Cuál es tu nivel en el sendero?
—Soy apenas una aspirante.
—¿Cuál es el grado de iluminación que has alcanzado?
—Unos pocos vislumbres, maestro. Apenas comienzo a despertarme.
—¿Hasta dónde llega tu sabiduría?
—Aún es escasa, Maestro. De sabiduría no puedo jactarme.
—¿Cuánta experiencia tienes en el servicio?
—Estoy dando mis primeros pasos, Maestro.
—Entonces acepta con amor tus lecciones. Vívelas. Exprímeles hasta la última gota de aprendizaje. En tu error subyace la sabiduría. En tu equivocación, el conocimiento superior. En tu humildad, la capacidad para seguir acrecentando tu estatura interior.

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